SUPERAR LA SOLEDAD DEL TRIUNFADOR. ELIJO EL COACH.

Cuando del balance del día surge esta emoción que no identifico, o esta duda que da vueltas. O un positivo saldo que es preferible no comunicar ahora. Ni a la secretaria. Ni al Director que hace poco  me felicitó por mi cargo. Ni al colega empresario o profesional que dice alegrarse tanto con mis triunfos. Ni qué pensar en la hermosa familia que sabemos no espera el relato árido de un resultado, bueno o malo. En ese momento, la soledad duele más.

Es así. Porque soy el Dueño. Soy el Presidente. Soy el CEO. Soy el reconocido profesional. Soy el seguro docente u orador. Soy la abanderada.  Soy el Papá. O porque soy el líder del grupo.

Y no se trata de una muy mala noticia ni un problema gigantesco. Es sólo esta contingencia, tan mía, tan presente. Hasta puede ser tan buena y fabulosa pero no es éste  el momento de difundirla. Y eso mismo hace a mi soledad.

En el mundo hoy, felizmente opera  el COACH. Alguien que me acompaña a mirar lo mismo “desde otro punto de vista”. Que sin ser asesor ni terapista, me  acompaña como Coach desde este estado presente hasta el futuro que yo deseo.

Y seguramente no me sentiré igual. Elijo estar acompañado.