Practicar o no la virtud de la humildad en la empresa

El que reconoce con humildad las limitaciones y debilidades propias y de la organización está favoreciendo la incorporación de colaboradores probos.

Acostumbrados a darle a la humildad el significado social (hablamos fácilmente de sectores o barrios humildes) nos olvidamos que como virtud nos corresponde a todos, aún a los más encumbrados o poderosos empresarios, propietarios, CEOs y Gerentes.

Entre los beneficios más notables derivados de la virtud de ser humildes está el lograr nuevos estadios de crecimiento en la empresa. Y mejor aún, podría llegar a asegurar la continuidad exitosa de ésta, sobre todo en los casos de empresas familiares en las puertas cercanas, o no tanto, de cambios generacionales críticos.

Cuando en mis sesiones de coaching con empresarios surge o se deriva el acompañamiento hacia estos tópicos resulta realmente transformador el considerar la humildad como virtud empresaria que aleja de la soberbia, de la presunción, y que a la vez acerca al reconocimiento explícito del error y la limitación como fuentes de aprendizaje. Lo paradójico es que acerca a la importancia de la ignorancia o la debilidad reconocidas, como fuente de decisiones empresarias.

Varias preguntas pueden desvelar al Coach el concepto que el empresario maneja alrededor de esta virtud, la humildad. Pero quizás el que más puntas me ha dado en mis sesiones de Coaching como para conversar sobre el tema y posteriormente acompañar transformaciones, es indagar sobre cuáles han sido los resultados reales en la incorporación de los más importantes colaboradores.

¿Realmente saben más que el empresario/CEO/ Gerente? ¿Aportarán verdaderamente a la organización por sobre las habilidades ya practicadas? ¿O se trata de excelentes ejecutivos a formarse en el pensamiento que ya se practica (porque el empresario ya sabe, porque lo viene haciendo hace mucho, o hasta, porque su papá y su abuelo lo hacían así)?.

El que reconoce con humildad las limitaciones y debilidades propias y de la organización, o que con humildad acepta la existencia de riesgos por su edad o por cambios en su vida, está favoreciendo la incorporación de colaboradores probos y seguramente eficientes a la hora del crecimiento empresario o la continuidad de la organización. Y no es poco.

Acá es donde la virtud de la humildad contribuye eficientemente en la empresa y su ausencia, identificada con la soberbia, puede ayudar a mover la que hasta ayer se creía la lejana y pesada lápida que sella el fin de algunas organizaciones empresarias.

¿Qué elegimos? ¿Humildad o soberbia?